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EL SINDROME DE ALIENACION PROFESIONAL Y LA RUPTURA INNECESARIA DE LA FAMILIA.

María Delia Bueno

Sumario:

1.- De la sociedad anterior a la sociedad actual.

2.- La ruptura innecesaria de la familia.

3.- El profesionalismo.

4.- La resolución de los dilemas.

5.- El síndrome de alienación profesional.

6.- La destructividad como falacia argumentativa.

7.- El perfil del experto en asuntos de familia.

8.- Evaluación conclusiva.

9.- De la sociedad actual a la sociedad futura. – La Ley , 7/03/2002

 

 

1.- De la sociedad anterior a la sociedad actual.

 

Asistimos hoy a la aguda crisis del vínculo social cuyo contrapunto dialéctico es la cohesión social. Esta es multifactorial siendo uno –no el único- de los factores (cruciales) la familia, célula básica de la sociedad o unidad social básica.

La ruptura familiar generalizada que exhiben estos marcos temporales comprende el divorcio de los casados, la separación de los no casados convivientes  y el distanciamiento de los no casados y no convivientes que, cuando existen hijos menores, en sus consecuencias humanas y sociales se equiparan.

A la sociedad, cualquiera fuera la época, el divorcio jamás le ha resultado indiferente. Si bien históricamente la religión ha sido un severo pautador las leyes civiles siempre han establecido  condiciones  limitantes que han operado como restricciones.

En el presente la actitud individual y colectiva ante la ruptura familiar no resulta comparable a la experiencia de la sociedad anterior por ser de  talante mucho más tolerante. Se trata liminarmente de dos sociedades distintas por estar iluminadas por diferentes constelaciones epocales siendo propiamente dos  mundos.

La ruptura familiar como final de la unión de la familia siempre ha sido vista con disfavor por su repercusión en lo personal y en lo social. Sin embargo, los divorciados ya no sufren interiormente los profundos y prolongados sentimientos de culpa o desestima propia que antaño se vivían ante un fracaso matrimonial (1).

 

2.- La ruptura innecesaria de la familia.

 

La familia y la sociedad constituyen un eje en interacción permanente. Consecuentemente, el tejido social cimbra cuando una de sus células se enferma, accidenta y/o desintegra, con mas razón cuando  son muchas las células  del entramado que se pierden como ocurre en las sociedades que  registran  el divorcio  en gran escala.

En los elevados porcentajes de divorcios y separaciones registrados en nuestros días las estadísticas no  desglosan situaciones diversas -los casados, los convivientes no casados, los no convivientes no casados, con hijos matrimoniales o extramatrimoniales- incluidas en el divorcio generalizado.

A raiz de la ruptura familiar los adultos pueden encarar otros proyectos vitales (de índole familiar) redefiniéndose las (sus) relaciones de familia (nuevas uniones, nuevos hijos, nuevos vínculos) y las (nuevas) relaciones sociales, todo lo cual resuena en la sociedad.

No obstante, la ruptura familiar como forma admite distinciones, a saber: la ruptura que es inevitable   y la ruptura innecesaria –que es evitable-, respectivamente.

La ruptura inevitable es la que se alza como una salida para los infelices, el alivio ante la convivencia insoportable, cuyas causas y efectos exceden el objeto del presente estudio que focaliza la atención en  la ruptura innecesaria, aspecto no profundizado pero de altísimo interés humano, social y profesional.

Comprende el rompimiento que era evitable, el de quienes se separan pero que podían haber seguido unidos, aunque con ajuste. Se extiende a la ruptura que, siendo inevitable, ve intensificados sus términos  configurándose la hipótesis de ruptura agravada. Dentro de los divorcios y  las separaciones de los últimos años estas rupturas constituyen una forma de desastre familiar, cuyos efectos se disparan y expanden en  haces aleatorios. El significativo segmento  que representan ha de ser la piedra de toque en la hora actual desde que las mismas son rechazadas abiertamente  por  todas las sociedades.

Muy frecuentemente la ruptura familiar no es consecuencia de insuperables contradicciones internas sino de la  desacertada modulación de la controversia por parte de los expertos en asuntos de familia.  Su enfático accionar sin rendición de cuentas ha contribuido a que la familia en los últimos años se haya convertido en una entidad litigiosa (2) lo que remite necesariamente a los intermediarios en los litigios (expertos, profesionales,  especialistas,  moduladores, operadores, funcionarios)  y a las profesiones (especialidades, metodologías) (3).

Sin que sea objetable desde el punto de la competencia profesional (mala praxis) la praxis de los expertos, sin ser mala ni buena puede perjudicar, es la praxis perjudicial (4). No requiere de violaciones ni de notorios errores que los mecanismos existentes de responsabilidad son incapaces de develar o corregir (5).

 

3.- El profesionalismo.

 

Las profesiones se han hecho esenciales para el funcionamiento mismo de nuestra sociedad. Nos dirigimos a los profesionales para la definición y solución de nuestros problemas. Con tal que la dirección de la sociedad dependa de un conocimiento y una competencia especiales, habrá un lugar esencial para las profesiones (6).

Las profesiones se basan en el conocimiento sistemático (especializado, firmemente establecido, científico y  estandarizado). Se sustenta en la existencia de uniformidades suficientes en los problemas y en los mecanismos para resolverlos como para cualificar a los que los solucionan como profesionales. La práctica profesional es una actividad instrumental consistente en resolver un problema basado en el  paradigma de la racionalidad técnica. Enraíza en el positivismo de finales del siglo XIX  que se desarrolla en la universidad moderna (7).

Una profesión -sobre todo en las principales- se basa en la administración repetitiva de los mismos tipos de problemas. Profesiones (principales) como la Medicina, la Ingeniería y la Abogacía ajustaron en forma fiable los medios y los fines para resolver  sus problemas.

El profesional es un proveedor de servicios y los beneficiarios son los clientes (pacientes, estudiantes, personas asesoradas, asistidas o casos). Las profesiones se enfrentan ahora con una exigencia de adaptabilidad sin precedentes entre el cuerpo de conocimientos que deben utilizar y las expectativas de la sociedad.. En el mundo real los problemas son confusos o más complejos y menos claramente definidos para el profesional. Son verdaderos “revoltijos” que plantean conflictos de valores (8).

Algunos críticos han tratado de mostrar que los profesionales llevan a cabo una malversación del conocimiento especializado en su propio interés y/o en el interés de una elite poderosa, pendientes como están de conservar su dominio sobre el resto de la sociedad. No tienen un interés real en los valores que los profesionales supuestamente promueven y en las normas que predican y (en su acción) son ineficaces. Las soluciones defendidas por expertos profesionales se vieron como las causantes de problemas tan malos o peores que aquéllos que habían pretendido resolver (9).

En materia de asuntos de familia  cabe indagar si la acción profesional responde apropiadamente a la (creciente) litigiosidad interna que exhibe la familia, si ha contribuido a que la familia se haya convertido en una entidad litigiosa, si su accionar es parte -operando los casos- de la litigiosidad general y asimismo, si lo que  parece fracaso profesional resulta  éxito profesional para el experto.

 

4.- La resolución de los dilemas.

 

En ciertas situaciones problemáticas el modelo del conocimiento profesional  y la racionalidad técnica basado en el paradigma formal resulta incompleto. Los conflictos de familia presentan notas únicas porque lo humano como fenómeno se enfrenta con la libertad del hombre que escapa a todo determinismo, de cara siempre a lo original e insólito.

Son justamente los problemas del mundo real, las cosas de la vida, donde el ser humano aparece en  su dimensión personal como ser concreto (histórico, social, vivo, libre, trascendente) y no como sujeto epistémico. Paralelamente, cabe señalar que no existe relación más compleja que la conyugal. Toda visión de las relaciones humanas intersubjetivas en ese grupo pequeño, íntimo, doméstico que es la familia muestra que las situaciones del vivir son siempre caleidoscópicas.

El comportamiento humano en caso de disputa a resolver no ofrece un problema sino un dilema. Implica un conflicto de valores, metas, propósitos, intereses. El campo es eminentemente heurístico (10), no algorítmico -o algoritmizable- en que el algoritmo se manifiesta como un camino exacto o estandarizado para alcanzar el fin (único), algo así como una receta (o recetario).

El esquema tradicional de resolución de los conflictos de familia parecería confundir  los campos, que  recurre en lo heurístico a los algoritmos y  que trata el dilema como problema. Centrado en la resolución, durante la modulación de la controversia el esquema clásico prescinde –selectivamente o no- de lo relevante que son las consecuencias humanas. En realidad es el hombre y no el método y, a contrario, se da la situación de que los medios destruyen el sentido y razón de ser (11).

 

5.- El síndrome de alienación profesional.

 

Se trata del síndrome propio del profesionalismo, el cual no reconoce referente y del que pueden derivarse otros síndromes. En tiempos de elevadísima diversificación profesional tiene entidad como para constituir una categoría propia.

Un alto grado de especialización puede conducir a una estrechez de miras e infligirse a los clientes las consecuencias de la limitación y rigidez del profesional quien resulta dañino. Algunas veces, la gente añora al profesional general de antes interesado en el paciente en su totalidad (12).

El síndrome se presenta en los casos a resolver en que hay personas involucradas. Se lo visualiza cuando en la situación problemática se reinterpretan los sucesos,  se acciona sobre falsos problemas o problemas artificiales, se cae en el encorsetamiento dentro de un universo conceptual distanciado de la (nuda) realidad y de las vivencias personales pudiendo recurrir a caminos ilícitos pero legales (o legalizados).

El experto apela a la categorización a través de filtros interpretativos estereotipados, moldes, etiquetamientos, encasillamientos, perspectivas, al extremo de encajar las situaciones (fenómenos) en  sus rigideces conceptuales sin  importar(le) la no pertinencia (o impertinencia).

El profesional puede lavar el cerebro a su cliente a través de la persuasión confundiéndolo, condicionándolo, predisponiéndolo, incluso coercionándolo. Lo manipula  programándolo, lo que resulta  factible desde la (su) autoridad, confianza (depositada) y control (social) que ejerce.

El síndrome se patentiza a través de los cursos de acción que canalizan las estrategias de intervención. Estas son vías efectivas articuladas mediante las que el experto obtiene por medios ilegítimos los objetivos, los que no se lograrían por otros medios (lícitos). Es el autor intelectual de las (estratégicas) líneas de actuación, quien  alcanza la máxima viabilidad por la (su) eficacia conviccional siendo el cliente un factor necesario aunque trivial.

En cuanto al sistema legal en vigor –... porque el sistema lo permite...- lo cierto es que no hay sistema sin operadores y, a su vez, todo sistema -y modelo de aplicación- es correctible, ajustable, sustituible; con mas razón si hay consenso (que es por el sistema).

Los términos del actuar profesional son siempre operativos y sus (adoptadas) recomendaciones se autopropulsan. El problema (real, artificial; de fondo, superficial; definido o indefinido) pasa de una fase a otra, el que en su trámite (formal) se deforma (distorsión, falso problema) y la regulación (gestión y resolución) del conflicto se formula en el vacío (problema abstracto) a través de vías fraguadas (exitosas).

El andamiento del accionar experto enclava –y se afianza- en un sistema legal dominado por el modelo formal que se deslegitima (por sus ilicitudes) en su misma dialéctica por cuanto las formas (del trámite) legalizan la  ilicitud.

Cuando se desmistifican los profesionales -las profesiones, especialidades, funciones, mecanismos- y se evalúan conclusivamente las consecuencias de los conflictos resueltos sale a la luz la alienación.

 

6.- La destructividad como falacia argumentativa.

 

Cuestiones vinculares conflictivas (tenencia, visitas, contacto y alimentos)  entre  padres  e  hijos se   asocian derechamente  con  los divorcios  destructivos, anotándose la destructividad como dato y no como problema. Pero un divorcio no puede calificarse de destructivo por sus efectos sino por sus causas, cuyo  meollo consiste en saber por qué un divorcio es destructivo.

En muchos casos la destructividad que se endilga a las partes -o por lo menos a una de ellas- como si la gente fuera caótica es consecuencia de la desacertada modulación de la controversia, imputable en cambio a los operadores (13). La palabra  “resolución” es neutra, no significa solucionar o resolver bien. Cerrado  el conflicto suelen surgir los verdaderos problemas, lastre de disputas mal resueltas, los que quedan abiertos y se profundizan. Otra modulación habría arrojado otras consecuencias.

La acertada modulación del caso, en vez, resulta constructiva.  Durante la gestión de la disputa pueden removerse los obstáculos y producirse el restañamiento (prevención); arbitrarse recomendaciones correctivas (ajustes) y activarse las fortalezas naturales que posee la familia para acotar (a su perímetro) sus malestares y así poder avanzar vitalmente en lo longitudinal.

Estando afectados los parientes del nudo primario el intermediario debe preservar siempre su resto emocional -que son las fortalezas naturales de la familia- para la aclaración, la reconciliación y el perdón (14). Lo otro, su obturación, permea la destructividad, de por sí devastadora por aniquiladora y vindicativa, para cuya purga suele no alcanzar una vida entera.

En materia de familia esta en juego lo innegociable: la dignidad, la identidad, los sentimientos, los hijos, la felicidad, la paz, el destino, los bienes y valores más caros al ser humano. Reservado originariamente a Dios, aquello (lo innegociable), en caso de conflicto a resolver, resulta puesto, expuesto y sobreexpuesto en la mesada casi del espectáculo como si fuera un tesoro expropiable: acaso lo es?

Cuando la destructividad es considerada como problema surge una distinción clave: la que conecta con los involucrados en la disputa, de cuyas personalidades y trastornos no nos ocuparemos y la que conecta con sus moduladores  de la controversia, centro de nuestro estudio.

En el cuadro general los injustos legales son fuente (segura) por la que se filtra la destructividad que se  incrusta en los protagonistas a través de las consecuencias humanas de las resoluciones. Las mismas quedan fuera del esquema mental y del marco oficial de actuación de los intermediarios porque su rol se cumple y su función se agota en el acto de resolver.

La destructividad es la discordia cristalizada  constatable en multivariadas circunstancias: cuando lo cierto es – o puede ser tomado- como no cierto y viceversa; la verdad aplastada por la obrepción o por el ímpetu de las formas; la falsa denuncia que prospera; la denuncia verdadera que es desestimada; las responsabilidades desordenadas; los acuerdos irritantes o de bases endebles; la represión de los efectos antes que de las causas; las formas legalizadoras de la ilicitud y la ilegitimidad. Los procesos innecesarios, abusivos, endemoniados, los lobbies; la inobservancia de las leyes por sus mismos guardianes; los caminos legales en contrasentido a la verdad, la justicia y la compasión. El mal consejo en lo profesional, la falta de maduración humana, la ausencia de sigilo y de austeridad valorativa y la carencia de virtudes reguladoras en los operadores; la violencia emocional en el destrato, entre muchas otras causas, todas combinables, acumulables y generativas.

 

7.- El perfil del experto en asuntos de familia.

 

El profesionalismo cuando hay gente involucrada puede ser peligroso. Lo es cuando se cae desde su rigor científico en la  categorización sistemática que subsume la realidad en los moldes generales que maneja el experto. Lo relevante pasa por la verticalidad del enfoque, sus firmes (y fijas) recomendaciones y las (congruentes) conclusiones. Se desentiende de las consecuencias humanas producidas (y provocadas) y de los (nuevos) problemas creados al resolver los (problemas) implantados.

La profesionalidad, que se basa en las competencias alrededor de un sistema de saber, considera que las profesiones pueden resolverlo todo. No obstante, la ciencia  resuelve problemas pero la vida del hombre –ser libre y trascendente- presenta enigmas.

Lo humano como fenómeno excede cualquier sistema de saber reduccionista y omnívoro (15). Desde la mirada profesional se corre el riesgo de malinterpretar las situaciones o manipularlas para servir a los intereses del profesional en el mantenimiento de su confianza en sus modelos y en sus técnicas estándar (su utillaje) o en defensa de los intereses de una elite poderosa o de los (intereses) establecidos (16).

Las sociedades humanas no ponen el conocimiento, con más razón el gran conocimiento, para beneficio privado (individual o de clase) sino para el bien común (interés público) porque el  éxito (lucro, prestigio) y su afán  no es un valor. Asimismo, tampoco crean  instituciones (las establecidas) para la inercia ni para que cometan excesos.

Quienes atienden los “casos de familia”  necesitan mucho más que credenciales, las que se valoran a través de los títulos que certifican el conocimiento y la competencia en el campo epistémico particular (disciplinar). Requieren tener formación o sea poseer orientación en la vida. El criterio general del decisor demanda otros saberes, los de fundamento, que acercan la educación, la moral, la filosofía, la religión, la sociología, la antropología, la ética, el humanismo, lo sociocultural. En el cruce de perspectivas, los moduladores acceden a la comprensión de la situación problemática que afrontan y enfrentan en su completud pero sensatamente, más que profesionales altamente capacitados hace falta que –además- sean buenas personas.

El repertorio del experto debe sumar su propia experiencia (asimilación y contrastación de los conocimientos y vivencias), el equilibrio de la (buena) formación, las (desaparecidas) virtudes reguladoras (la paciencia, la sobriedad, la discreción) descollando sus reservas morales (el capital moral) para  producir en la contextualización altezas;  la profesionalización -sin más- es deshumanización.

 

8.- Evaluación conclusiva.

 

La familia hoy es una entidad litigiosa. A ello ha contribuido puntualmente el mal uso de los buenos instrumentos legales a través del síndrome de alienación profesional y de la praxis perjudicial, contributos del profesionalismo, lo que  resulta (resorte)  disparador, en lo particular  de la destructividad y en lo general de la litigiosidad. En tanto vertientes de la conflictividad las mismas operan como ondas de realimentación que  se cruzan complejizando en grado sumo los fenómenos.

 Las  categorizaciones estandarizadas porque todo fenómeno encaja en alguna interpretación; el lavado de cerebro al cliente a través de su programación; las vías fraguadas que implementan las estrategias concretas y  la i-rresponsabilidad (social) en caso de praxis perjudicial, por la tradición pragmática importan una actuación (profesional) sin rendición de cuentas que el síndrome de alienación profesional transversaliza.

Lo relevante es que la ruptura-desastre como forma provoca nuevos conflictos a resolver, cuya reproducción eleva la demanda de expertos que, al generarse un omnipresente sentido de la complejidad de los fenómenos, deben ser cada vez más especializados. Paradójicamente el segmento social de los profesionales se nutre y afirma desde la propia falla.

La sociedad actual –al superarse el modelo clásico y socialmente aprobado de la familia nuclear fundada en el matrimonio- presenta una exuberante variedad de formas de familia. Al nuevo sistema familiar  que se perfila, en buena medida a partir del divorcio generalizado –de muchísimas personas en muchos países-,  le preocupa la forma de ruptura de la que provienen las (nuevas) configuraciones familiares. Su suerte  mucho depende de la (suerte) que  tengan las nuevas familias porque la re-ruptura no es una hipótesis abstracta, ni remota; tiene gran chance de ocurrir, con más razón si se prescinde de la causación de los fenómenos (y de los senderos de la causalidad).

En el cuadro presentado la ruptura-desastre es foco inagotable de rayos destructivos,  son los haces aleatorios ya mencionados que penetran, atraviesan y fulminan (persecutoriamente) a las personas y sus modos vitales de organización (posterior) inoculando violencia a la sociedad.

El divorcio destructivo y no la “destructividad del divorcio”  sirve a los operadores como un bill de indemnidad, exculpándose en su praxis (i-rresponsabilidad)  al achacar la destructividad (inexplícitamente y por anticipado) a las partes en el conflicto. El profesionalismo elude y esquiva –porque es su rasgo- la respuesta  atinente, sea porque excede sus comprensiones,  sea porque los profesionales no quieren estar –o quedar- bajo sospecha buscando permanecer indemnes frente a los clientes  y a la sociedad, aun a expensas del caso.

 En la ruptura-desastre que se generaliza,  tras una pantalla de competencia y servicio, la acción profesional  se alinea en una verdadera industria de la ruptura familiar, sumamente lucrativa y prestigiadora, de carácter interdisciplinario y peligrosa, por desestabilizadora y dañina.

En cuanto a la casuística ha de rescatarse su función pedagógica. Lo que la realidad refracta demandando respuestas criticas superadoras de la descripción y reproducción de esa realidad para su transformación y mejora. Preguntas cruciales a formular son: Quién se hace cargo de la destructividad derivada de la (desacertada) modulación de la controversia, quién asume las consecuencias humanas y sociales (negativas) del desastre familiar, qué mecanismos responsabilizatorios caben? O bien, desde la reflexión (y la reflexividad) repreguntar si estamos ante una actividad irresponsable (alienada) que se deslegitima (y legaliza) al legalizarse (y deslegitimarse).

 

9.- De la sociedad actual a la sociedad futura.

 

La solicitación social de estos escenarios pasa por el ejercicio profesional justificado a través de la (debida) comprensión de las pretensiones y los problemas (situación problemática completa y visión global), de la (equitativa) distribución de los beneficios sociales (valores), de sus estrategias (correctivas) para la efectiva realización de los (excelsos) objetivos (oficialmente) declarados, trabajando con las personas (reales) -y para ellas- en función del interés público (o  bien común) como principio solar.

Junto con la cultura profesional emergente  existe una cultura profesional que aprende y re-aprende de la (mutante) casuística. Encara la gestión constructiva de las disputas, la (única) que puede poner distancia  a la destructividad y a la litigiosidad superando lo que es innecesario o evitable, fuente –además- de violencia (cada vez mas cercana).

El conocimiento especial está delimitado por marcos de referencia evaluativos que llevan el sello de los valores e intereses humanos; por ello, si el esquema empleado se torna ineficaz y hasta contraproducente, el profesional no puede reivindicar legítimamente ser un experto en la materia (17). 

Los verdaderos ciudadanos profesionales (18) obran de acuerdo a los valores e ideales predicados, jerarquizan la verdad, la justicia y la compasión, mantienen el pensamiento activo y una perspectiva cognitiva crítica aplicando con maestría el sesgo constructivo a sus intervenciones, precisamente porque están educados. Asimismo, promocionan y propician que las instituciones (establecidas) cumplan con los fines (de su establecimiento) adecuándolos a las (nuevas) necesidades de la comunidad y creando otras (instituciones) porque la sociedad institucionalmente configurada se asegura en la medida de su fortalecimiento.

 En este estadio resulta  esencial destacar que la familia después de la ruptura -y en todos los casos- continúa como unidad de pertenencia por ser el parentesco institución fundante de las sociedades humanas. Sin embargo, la (ínsita) destructividad de la ruptura-desastre y la litigiosidad implicada aniquilan en lo individual la virtualidad del parentesco y en lo colectivo la misma cohesión social, lo que constituye la (gran) cuenta (pendiente) del profesionalismo a rendir a la familia y a la sociedad de nuestro tiempo.

 

CITAS BIBLIOGRAFICAS

 

(1) El resquebrajamiento de la familia puede que refleje la existencia de fracasos individuales pero cuando el divorcio, la separación y otras formas de desastre familiar alcanzan simultáneamente a millones de personas en muchos países es absurdo pensar que las causas son puramente personales (Cfr.TOFFLER, Alvin: La tercera ola, ed. Plaza Janés, Barcelona, España, 1980, pag. 209).

Cfr. PASTOR RAMOS, G.: Sociología de la familia, 2da. edición totalmente reelaborada, ed. Sígueme, Salamanca, España, 1997,  pag. 219.

 (2)Cfr. BUENO, María Delia: La praxis perjudicial del experto en asuntos de familia, Revista Conexión Abierta, Universidad Abierta Interamericana, n* 6, año 3, Buenos Aires, Argentina, 2000, pag. 21.

(3) Cfr. Discurso de SS Juan Pablo II, Diario Clarín, Bs As, Argentina 29-01-02. El Papa instó a  jueces y abogados a encauzar sus esfuerzos en reconciliar las parejas.

En nuestro estudio se emplean los terminos  “intermediario”, “experto”, “profesional”, “especialista”, “funcionario”, “operador”, “modulador”, “decisor”,  indistintamente, sin perjuicio del mejor significado a asignarle en cada circunstancia.

(4)Cfr. BUENO, M.D.: Op. cit.

(5)  Cfr. SCHON, Donald: El profesional reflexivo, ed. Paidos, Buenos Aires, Argentina1998, pag. 258 La responsabilidad del profesional dentro del sistema legal surge solo con ocasión de las reclamaciones ante una notoria violación del contrato (profesional-cliente). Los mecanismos institucionales de responsabilidad han contribuido en gran medida.

(6)  Cfr. Op. cit. pag. 15 y 300.

(7) Las profesiones principales están disciplinadas por un fin no ambiguo –salud, éxito en un litigio, provecho- que se arraiga en las mentes de los hombres y operan en contextos institucionales estables. El conocimiento científico es el prototipo y la practica profesional es una actividad instrumental (Cfr. Op. cit. pag. 33). El prestigio y el éxito manifiesto de los modelos de medicina e ingeniería ejercieron una gran atracción para las ciencias sociales (Cfr. Op. cit. pag. 47).

Ese ejemplar es herencia de la poderosa doctrina filosófica de Auguste Comte como resultado del surgimiento de la ciencia y la tecnología y como un movimiento social tendiente a purificar a la humanidad de los residuos de la religión, el misticismo y la metafísica. Aspiraba a la aplicación de los logros de aquéllas para el bienestar de la humanidad (Cfr.SCHON, D.: Op. cit. pag. 33 y 42-44).

(8) Cfr. Op. cit. pag. 255, 26, 51, 49.

(9) Cfr. Op. cit. pag.  17, 23, 22, 16. Los profesionales mismos han suministrado conflictivas recomendaciones en gran medida dispares, concernientes a problemas ..., incluso aquéllos que las mismas actividades profesionales han contribuido a generar... Como resultado, ha habido una disposición a culpar a las profesiones por sus fracasos y una pérdida de fe en el juicio profesional (pag. 16).

(10) Cfr. Op. cit. pag. 28. Al caracterizar el comportamiento humano ... los modelos aplicables facilitan la búsqueda pero, a diferencia de los algoritmos,  no garantizan el éxito, es decir que en cierta medida son inseguros y reciben el nombre de heurísticos.

(11) Cfr. ROMIA, Carme: Educación para la paz, en La Educación Moral op. cit., pag. 180.

(12) Cfr. SCHON, D.: Op. cit., pag. 66, 255.

El experto es proclive a subsumir la realidad en sus categorías en el sentido de que si no es esto es eso, si no es eso es aquello, si no es aquello es lo otro, si no es lo otro ..., al límite de que parecería que la sociedad se ha quedado sin (individuos) sanos.

(13) Cfr. Justicia y Desarrollo, Seminario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Costa Rica 1993, ed. BID Washington DC USA, 1993.

(14) Las familias no son estables, se transforman continuamente, pero en su funcionamiento interno la familia exhibe su capacidad cocreadora, de estructura dinámica y cambio constante. Estudios realizados han demostrado que en lo cotidiano o normal como en situaciones de extrema disfuncionalidad la familia genera sus propios recursos para adaptarse y emerger de la crisis con fortalezas insospechadas (Estudios de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Antioquia, Colombia).

(15) Cfr. MORIN, Edgar: La especialización no puede ser el progreso de la ignorancia, Diario ABC del 24-10-00 y Simposio sobre Educación de Editorial Santillana.

(16) Cfr. SCHON, D.: Op. cit. pag. 23. La critica popular como la académica acusa a los profesionales de estar al servicio de si mismos a expensas de sus clientes, ignorando sus obligaciones respecto al servicio publico y fracasando en la vigilancia efectiva de sí mismos. Cuanto mas poderosas las profesiones, mas serios son los peligros de negligencia en la atención del servicio público y de celo en la promoción de los intereses de los que las ejercen.

El beneficio privado, por oposición al interés público, atiende el interés particular del experto, el de su clase que es el segmento de los expertos o profesionales (elite social) o los intereses establecidos. Los profesionales representan las perspectivas y los valores de intereses establecidos, por oposición a los intereses de los disidentes, los necesitados, los impotentes (Op. cit. pag. 304).

(17) Cfr. SCHON, D.: Op. cit. pag. 301.

(18) Cfr. SCHON, D.: Op. cit., pag. 254, 296.

 

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